Los movimientos telúricos en Venezuela han puesto sobre la mesa a la Gran Misión Vivienda Venezuela, el proyecto de viviendas del chavismo.
Los terremotos devastadores en Venezuela no solo dejaron miles de víctimas y edificios reducidos a escombros. También volvieron a poner bajo escrutinio a la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), el programa de viviendas sociales creado por Hugo Chávez en 2011 y convertido durante años en uno de los principales emblemas de la Revolución Bolivariana.
En las zonas más golpeadas, como Caraballeda y Catia La Mar, en el estado de La Guaira, varios de los edificios que colapsaron pertenecían a este programa estatal, de acuerdo con algunas versiones.
La situación también es crítica en el complejo habitacional Hugo Chávez, ubicado en Catia La Mar, donde sobrevivientes aseguran que la mayoría de las edificaciones quedaron destruidas. Habitantes difundieron videos en redes sociales solicitando ayuda mientras permanecen a la intemperie tras perder sus viviendas.
Pero, ¿qué hay de cierto en esto?
Ewald Scharfenberg, periodista venezolano y cofundador de Armando.info, señala a Perú21 que la información debe tomarse con pinzas.
«He visto varias publicaciones que intentan demostrar que las viviendas populares construidas por Hugo Chávez y Nicolás Maduro se derrumbaron y que eso confirma su mala calidad. Es cierto que esos proyectos arrastraban cuestionamientos y que algunas edificaciones sufrieron daños importantes o incluso fueron destruidas por el terremoto en el litoral central. Pero no fueron las únicas. La mayor parte de la destrucción también afectó edificios mucho más antiguos, construidos en las décadas de 1960, 1970 y 1980. Por eso me parece desproporcionado enfocar toda la atención únicamente en las viviendas del chavismo»:
Materiales, diseño y terrenos bajo investigación
Aunque aún no existe un informe técnico oficial sobre las causas de los colapsos, ingenieros y especialistas consideran que deberán evaluarse diversos factores antes de establecer responsabilidades.
Uno de ellos es el uso de poliestireno expandido (EPS), conocido en Venezuela como «anime». Fotografías y videos muestran este material entre los escombros, lo que generó interrogantes sobre si fue utilizado únicamente como relleno para aligerar losas —una práctica permitida en determinadas condiciones— o si también formó parte de elementos estructurales, algo que solo podrán confirmar los peritajes.
Los especialistas también analizan la calidad del concreto, el acero utilizado, la supervisión de las obras, el mantenimiento recibido durante los últimos años y las condiciones del terreno donde fueron construidos muchos complejos habitacionales.
Otro aspecto señalado por expertos es la presencia de las llamadas «plantas bajas blandas»: edificios cuyo primer nivel permanece prácticamente abierto para estacionamientos o áreas comunes, una configuración que puede incrementar la vulnerabilidad sísmica si no cuenta con los refuerzos estructurales adecuados.
Un programa rodeado de opacidad
Desde su creación, la Gran Misión Vivienda Venezuela ha estado acompañada por denuncias sobre falta de transparencia en la adjudicación de contratos y en la ejecución de las obras.
El programa fue desarrollado mediante convenios con empresas de países aliados del gobierno venezolano.
Organizaciones como Transparencia Venezuela denunciaron durante años irregularidades en la ejecución de numerosos proyectos, incluyendo obras inconclusas, sobrecostos y contratos cuyos resultados nunca pudieron ser verificados de manera independiente.
Uno de los casos más conocidos es el del empresario colombiano Alex Saab, quien obtuvo contratos millonarios para la importación de materiales destinados a la construcción de viviendas. Investigaciones internacionales sostienen que parte de esos proyectos quedaron inconclusos o registraron importantes sobrecostos.
También trascendieron cuestionamientos sobre el convenio firmado con Bielorrusia para construir unas 10.000 viviendas. Según investigaciones periodísticas, la empresa estatal Belzarubezhtroy recibió pagos millonarios, pero las obras se paralizaron tras disputas por nuevos desembolsos y nunca fueron concluidas en su totalidad.
POLÉMICA
«Siempre existió el rumor de que las viviendas populares construidas durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro eran de baja calidad. En parte, esa percepción se originó porque muchos de esos proyectos fueron importados y estuvieron vinculados a grandes negociaciones», dice Ewald Scharfenberg a este diario.
Durante los gobiernos de Chávez y luego de Maduro, el chavismo convirtió la construcción de viviendas en una bandera propagandística, anunciando cifras que a menudo resultaban inverosímiles. Se llegó a afirmar que cada año se construían cerca de un millón de viviendas, algo sin precedentes en el país y difícil de sostener en términos de calidad.
Además, indica el periodista, muchos de estos proyectos se adjudicaron mediante contratos multimillonarios a empresas de países aliados como Turquía, Bielorrusia, Rusia y China.
«Esto no solo tenía un componente político, al privilegiar a esos socios, sino también un importante elemento de corrupción, tanto por parte de los contratistas como de los funcionarios que otorgaban los contratos. En Armando.info hemos documentado numerosos casos de desvío de fondos, incumplimientos y obras inconclusas en proyectos ejecutados por empresas extranjeras. Incluso, varios de estos desarrollos eran modelos importados: en algunos casos, las empresas traían no solo los diseños arquitectónicos, sino también a sus propios trabajadores. Todo esto alimentó las dudas sobre la calidad de las construcciones», explica.
Un símbolo político convertido en objeto de debate
El gobierno venezolano sostiene que la Gran Misión Vivienda ha entregado más de 5,2 millones de viviendas desde 2011, aunque esa cifra no ha podido ser verificada de manera independiente debido a la ausencia de auditorías públicas.
Lo que comenzó como uno de los mayores proyectos sociales del chavismo enfrenta ahora uno de sus mayores cuestionamientos. La magnitud de los daños sufridos por varios complejos habitacionales ha reabierto el debate sobre la calidad de las construcciones y el destino de los miles de millones de dólares invertidos durante más de una década.