«Es entendible que la izquierda esté viviendo su duelo, no obstante, todo tiene su tiempo, déjenle a cada cual tener su propia interpretación sobre las causas de la derrota».

Las heridas aún no se han restañado, sectores de Juntos Por el Perú siguen haciendo público su fastidio contra Jorge Nieto por no habérseles adherido a la coalición que formaron varios líderes y agrupaciones políticas de izquierda, con el fin de sumar votos, de cara a la segunda vuelta, y le achacan la inminente derrota —aunque por poco margen— de Roberto Sánchez para la Presidencia del Perú.

Es entendible que la izquierda esté viviendo su duelo, no obstante, todo tiene su tiempo, déjenle a cada cual tener su propia interpretación sobre las causas de la derrota. En pocos días se hará la proclamación, por parte del JNE del ganador del balotaje, y todo indica que sería la candidata Keiko Fujimori por Fuerza Popular, en su cuarta postulación y en el preámbulo de la instalación de un nuevo Congreso, esta vez bicameral. La izquierda y las organizaciones políticas que han logrado representación en el Legislativo debieran dejar de lado la discusión, por momentos bizantina, porque no hay forma de medir tangiblemente si Nieto fue el responsable de influir en el voto de los indecisos en contra de Sánchez, por unas declaraciones suyas —al periodista Víctor Caballero, a horas del balotaje— de no sentirse cómodo con una alianza política con personas vinculadas al Movadef, palabras más, palabras menos. La segunda vuelta ya pasó, es momento de que se enfoquen en acuerdos entre las distintas bancadas, que permitan los contrapesos de los poderes públicos, un adecuado control político, el derogar las contrarreformas y parar el acelerado aumento del gasto público, que se tornará inviable si por las heridas de la campaña cada organización jala para su lado.

Una de las interpretaciones de cómo votó el Perú en estas elecciones, es porque reclaman a gritos un cambio y se oponen a que un solo partido reúna en sí todo el poder en el próximo quinquenio, dada la narrativa de los adversarios y críticos de Fuerza Popular, de que ejercería una influencia negada sobre el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, el Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo. De prolongarse, por tanto, los reproches contra el Partido del Buen Gobierno, el cisma se trasladará al Congreso, donde Nieto tiene estratégicamente 15 diputados y 7 senadores, los suficientes, como nos lo ha recordado la periodista Rosa María Palacios, para censurar ministros y promover acusaciones constitucionales contra altos funcionarios del Estado (en la Cámara de Diputados).

En buen romance, sería contraproducente distanciarse de Nieto. Para fiscalizar al Ejecutivo no son requisito sine qua non (obligatorio) las coincidencias ideológicas absolutas; es hacer política, buscando el bienestar del Perú, sin odios ni revanchismos.

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