«La señora Fujimori, próxima a jurar al cargo, ha ofrecido que su primer gabinete ministerial obedecerá a una convocatoria amplia y plural, en buen romance, de amplia base, lo que tiene sus pros y sus contras».

Es clásico ver desfilar a personalidades, diplomáticos, líderes políticos, representantes de gremios y autoridades diversas de todos los niveles presentar su saludo, o, dicho de otra manera, sus respetos, ya sea cortesía social o por figuretismo, a las máximas autoridades de los poderes públicos, sobre todo, del Poder Ejecutivo, cuyo titular gobernará y administrará el país. Las citas o entrevistas es lo que viene ocurriendo a la presidenta electa del Perú, Keiko Fujimori, en su local partidario de Fuerza Popular, que, a su término, señalan ser de disposición de colaboración o intercambio de ideas para una mejor administración, o traslado de pedidos, para ser atendidos con la inmediatez que cada sector reclama. Para muchos, estos encuentros son saludables en democracia, se les tiene como gestos de apertura, lo contrario a regímenes totalitarios. No obstante, también hay quienes piensan que lo que se busca es empoderamiento, adquirir protagonismo, ese que las ánforas les negó, una foto que dé cuenta de su cercanía a la nueva inquilina de Palacio de Gobierno. El tiempo lo dirá.

La señora Fujimori, próxima a jurar al cargo, ha ofrecido que su primer gabinete ministerial obedecerá a una convocatoria amplia y plural, en buen romance, de amplia base, lo que tiene sus pros y sus contras. Visto del vaso medio lleno, conllevaría a hacer coaliciones, que menguarían la confrontación política, propiciando una mayor estabilidad a la nueva administración y el viabilizar sus reformas legislativas ante el Congreso, donde no cuentan con mayoría absoluta. Pero visto del medio vacío, pudiera abrirse las puertas, como en los últimos años, a la adjudicación de ministerios y de organismos públicos descentralizados adscritos al poder Ejecutivo, como cuotas partidarias, distribuyéndose entre estos los cargos de confianza, sin la rigurosidad de los filtros de meritocracia y transparencia, en mi opinión.

No se trata únicamente de diversidad política en el nuevo gabinete ministerial, sino que a la par haya instituciones fortalecidas, empoderadas en sus competencias, que garanticen la meritocracia y pongan freno al patrimonialismo en la administración pública. En el Perú, el ente rector que cumple tales tareas es SERVIR (Autoridad Nacional del Servicio Civil), que fue concebida allá por 2008 para modernizar la función pública, como lo señala la propia plataforma del Estado peruano; sin embargo, las constantes crisis políticas y la inestabilidad de los gobiernos de turno, aunado a los más de 15 regímenes laborales y las contrarreformas del Congreso saliente que buscaron debilitarla y hasta pretendieron su eliminación, hoy se le percibe frágil ante el poder político.

Sin el fortalecimiento de SERVIR, dífilamente habrá contrapeso en la asignación de cargos públicos donde se prioricen criterios técnicos sobre acuerdos partidarios.

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