«Más allá de la furia de las tribunas contra su propia dirigencia por ver a su equipo destruido desde adentro, el verdadero causante de la debacle ya no está en Ate».
Universitario, vigente tricampeón del fútbol peruano, está en crisis y no hay cómo negarlo: cuarto en el Torneo Apertura, a casi una decena de puntos del líder, y último en el Grupo B de la Copa Libertadores, con tan solo una unidad y sin brasileños ni argentinos en su zona. El mejor club incaico en las últimas tres ediciones de Liga 1 no gana dos partidos oficiales seguidos desde octubre de 2025. El equipo de las rachas se olvidó cómo jugaba y ahora triunfa tanto como pierde y empata, y ya ni siquiera hace respetar su casa, el Monumental. La imbatibilidad se transformó en irregularidad. Pero todo eso hasta el hincha menos hincha de la ‘U’ lo sabe, lo que falta —quizás— es encontrar al responsable.
Algunos dicen que el máximo culpable es Franco Velazco, quien se dedicó a pelearse con la directiva del compadre, a buscar faltas hasta de la temporada pasada para demandarlos y, en el camino, se olvidó que él es el administrador de Universitario, no del colectivo anti-Alianza. Pero no. Para mí, más allá de que sí creo que el cargo le quedó grande, él no es el culpable. Otros dicen, y hasta cierto punto con justa razón, que el causante de todos esos males es el director deportivo, Álvaro Barco, quien ilusionó a muchos y atemorizó a muchos más —me incluyó— por la lista de cracks interminable que le llevó a la San Martín —haciéndole ganar tres títulos nacionales— y que podría repetir en el club de sus amores, pero no. De los tres refuerzos que fichó, el defensor es el único que no defrauda y ¡ya está! Solo eso (no nos mintamos que es el nuevo ‘Nacho’ Da Silva). También se equivocó apostando por un DT inexperto, y, ahora, mientras negocia cómo pagarle los 18 meses de contrato que le quedaban, no encuentra reemplazo que calme a la barra. Los dos parecen culpables, pero no. Para mí, si se quiere señalar a alguien, pues que sea al que propuso y puso a ambos en el cargo. Sí, Jean Ferrari.