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¡Alerta sanitaria! Vecinos denuncian ajo lavado en agua sucia en SJL

Un olor penetrante recorre una calle de San Juan de Lurigancho y revela una actividad informal que opera sin fiscalización ni condiciones básicas de higiene.

Vecinos del asentamiento humano Enrique Montenegro, en el distrito de San Juan de Lurigancho, captaron el preciso momento en que un grupo de trabajadores lavaba grandes cantidades de ajo en aguas visiblemente turbias, una práctica que —según denuncian— se realiza sin ningún control sanitario y afecta directamente su calidad de vida.

Sin embargo, eso no solo sería lo preocupante, dado que el agua que sale de los caños presenta un persistente sabor a ajo.

Las imágenes difundidas muestran cómo sacos de ajo son descargados en viviendas de la zona y trasladados a patios interiores, donde jóvenes trabajadores proceden a lavarlos en bateas plásticas llenas de agua sucia. El proceso se realiza sin guantes, sin indumentaria adecuada y sin ningún tipo de control sanitario visible.

Este hecho se pudo confirmar cuando el último sábado al mediodía, una furgoneta ingresó por la calle Mar de Caspio y descargó nuevos sacos de ajo sin pelar.

El cargamento fue trasladado a una vivienda y almacenado en un patio. Al día siguiente, el proceso se reanudó: se lavaron en agua turbia y no había proceso de refrigeración.

Minutos después, el vehículo parte hacia la zona comercial de Sebastián Barranca. Allí, el producto llega a un punto de acopio donde otros comerciantes lo ofrecen por kilo, sin que el comprador conozca el origen ni las condiciones previas de manipulación.

“El agua nos viene con sabor a ajo”
Según relatan, el hedor generado por esta actividad es tan intenso que se filtra por puertas y ventanas, impregnando viviendas completas durante varias horas. “No es solo afuera, el olor entra a las casas y se queda. Es insoportable”, comentó una vecina del sector, visiblemente afectada.

Pero la molestia no se limita al ambiente. Algunos residentes aseguran que incluso el agua que sale de los caños presenta un fuerte olor a ajo, lo que ha incrementado el temor por una posible contaminación.

“Abrimos el grifo y el agua huele a ajo. Ya no sabemos si es seguro usarla para cocinar o para los niños”, señaló otro vecino del asentamiento humano Enrique Montenegro.

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