¿Y para cuándo Tía María?

Al margen de lo que acontece en la política peruana, los sectores productivos, aunque afectados, continúan trabajando por la pronta reactivación económica. Las actividades mineras alcanzan el 100% de producción después de la cuarentena impuesta por la pandemia del coronavirus, y se implementan rigurosos protocolos de seguridad para evitar el incremento de los contagios. Asimismo, continúa la solidaridad de las mineras, en los poblados de influencia, para enfrentar la pandemia. 

En este contexto de paulatina normalización de la economía, surge la pregunta: ¿Y para cuándo Tía María? El proyecto de cobre más importante del país continúa estancado. Southern Perú, concesionario del proyecto, ha señalado en varias oportunidades que espera el mejor momento para iniciar la construcción de la mina. Mientras tanto, la minera no está de brazos cruzados: continúa ejecutando los convenios de colaboración suscritos por propia voluntad con las comunidades. Convenios relacionados con la ganadería, agricultura, educación, salud y otros. 

En diciembre pasado, el Consejo de Minería (CM), dependiente del Ministerio de Energía y Minas (Minem), ratificó la licencia de construcción del proyecto Tía María en Arequipa, después del intento de revocar la licencia, por parte de Elmer Cáceres, gobernador regional Gobierno Regional de Arequipa (GRA). Cáceres y otras autoridades arequipeñas son los principales organizadores de las manifestaciones en contra del proyecto de cobre

A contracorriente de los mitos y leyendas del ambientalismo marxista, la prioridad de Tía María es reducir al máximo los riesgos de contaminación y uso de recursos como el agua. El proyecto Tía María ha sido presentado en diversos foros locales y nacionales con el fin de explicar sus bondades. No obstante, la narrativa del círculo antiminero, organizado alrededor de las oenegés del ambientalismo ideológico, intenta reducir y desacreditar los esfuerzos de la ingeniería local por preservar la naturaleza.     

Tía María es un proyecto de US$ 1,400 millones para producir 120,000 toneladas anuales de cobre al 99.99% de pureza. Las operaciones mineras se ubican en el desierto de La Joya, en la provincia de Islay, al norte de los poblados y del valle Tambo. La tecnología de oxidación y lixiviación, considerada la más limpia y  amigable con el medio ambiente, servirá para la producción de cobre. Sobre el mineral, depositado en canchas impermeabilizadas, se regará –como si fuera un sembrío por goteo– una mezcla de seis gramos de ácido sulfúrico por litro de agua.

Además, la extracción del mineral se iniciará con 150 metros de profundidad del tajo a cielo abierto. Esto para evitar que el polvo, producto de las explosiones alcance superficies fuera del tajo. Para evitar esta eventualidad, las explosiones –con el fin de extraer y reducir el tamaño del mineral– se realizarán al mediodía, hora en que, de acuerdo a estudios realizados, los vientos soplan con mayor fuerza de sur a norte, en dirección opuesta a los poblados y sembríos. 

Southern ha señalado que no usará una sola gota de agua del sistema hídrico del sur. La minera construirá una planta desalinizadora para usar agua de mar en sus operaciones. Asimismo ha anunciado la construcción de un sistema ferroviario y de carreteras para unir las operaciones de Tía María con la fundición de Ilo, en Moquegua, lugar donde se produce ácido sulfúrico. Con la construcción de estas obras viales, estará en marcha un clúster de desarrollo minero en el sur. Con estas obras viales, nuevas riquezas minerales, aún por explorar, harán del sur un polo de desarrollo inigualable.  

Con Tía María se crearán 9,000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. Asimismo, US$ 273 millones por canon y regalías incrementarán los presupuestos de las municipalidades de la provincia de Islay. La reducción de la pobreza y desempleo será una realidad con Tía María.

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