Pongamos el hombro sin temor

La vacunación contra el covid-19 es una de las cruzadas más importantes en las que el Perú se ha embarcado alguna vez. De la rapidez y el éxito de ese complejo proceso depende la vida de millones de personas, actualmente todavía en riesgo a causa de la peligrosa enfermedad.

Y por su complejidad, la inmunización masiva enfrenta diversos obstáculos: dificultades para asegurar la llegada oportuna de las dosis en número suficiente; la geografía diversa del país, que plantea una serie de problemas logísticos al traslado de las vacunas a las regiones; y también la falta de condiciones apropiadas que permitan llevar los antígenos a los rincones más alejados, entre otros.

 

Lamentablemente, a estos problemas hay que agregarle uno más: la desinformación respecto a la efectividad e inocuidad del compuesto elaborado por el laboratorio chino Sinopharm, uno de los que han sido adquiridos por el Estado peruano.

Desde hace un tiempo, algunos sectores han empezado una campaña de desinformación y desprestigio contra esta vacuna asegurando, sin ninguna prueba científica, que es ineficiente para proteger a las personas ante el covid-19. En el colmo de la temeridad, se asegura que se trata solo de “agua destilada”. Resulta lamentable que en la difusión de estos mensajes estén involucrados medios de comunicación, personajes públicos y hasta funcionarios que deberían mostrar mayor responsabilidad al momento de abordar un tema tan delicado, pues estas afirmaciones están causando que ciudadanos opten por rechazar ser inoculados con el citado producto por el temor de recibir un producto ineficaz.

Tal hecho representa un evidente riesgo para la seguridad sanitaria del país porque no contribuye al objetivo de lograr que la mayoría de peruanos esté protegido contra la enfermedad, especialmente cuando enfrentamos el riesgo de recibir el ataque de una tercera ola de contagios, fenómeno que estaría a la vuelta de la esquina.

Pero quizá la mejor prueba de la efectividad de este compuesto es que ha reducido a casi cero la mortalidad de los médicos peruanos y del personal sanitario que recibieron la dos dosis entre febrero y marzo, cuando se inició la vacunación. Recordemos que hasta antes de esos meses más de 500 médicos, enfermeras, profesionales y técnicos de la salud que combatieron a la pandemia en primera línea perdieron la vida debido al virus. Afortunadamente, la situación es otra gracias al uso de las dosis de Sinopharm que ha recibido el respaldo del Colegio Médico del Perú.

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