La compatibilidad entre minería y agricultura

Debido al bloqueo de la carretera que conduce a la mina Las Bambas (en Apurímac) desde el puerto Matarani (Arequipa), la minera MMG –concesionaria de Las Bambas– está reduciendo, de manera progresiva, la producción de cobre. El desgobierno y el caos, acentuados en las últimas semanas, han provocado la caída de las exportaciones mineras y los sectores esenciales de la economía nacional. En el corto plazo caerán los ingresos por divisas, renta, canon, regalías y presupuestos de las municipalidades de las zonas de influencia minera. 

No obstante, a pesar de la crítica situación económica por el pésimo manejo de la pandemia de coronavirus por parte de la administración Vizcarra, la izquierda antiminera continúa intentando bloquear la producción de minerales. En las mesas de diálogo instaladas por la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) con el fin de resolver estos conflictos, se imponen acuerdos con la amenaza de radicalizar las manifestaciones públicas y los bloqueos de carreteras. Además, las exigencias de la población, orientadas por el movimiento antiminero, no están vinculadas con la reducción de la pobreza, el desempleo y desarrollo de los poblados, sino con el consumo y gasto. Es lo que se comprobó con la entrega de bonos de solidaridad de S/ 1,000 para cada poblador por parte de la mina Antapaccay en Cusco. Un total de S/ 44 millones, destinados originalmente a obras en las comunidades, fueron dilapidados. Después del incendio de vehículos y trabajadores heridos la minera entregó tarjetas de consumo que son negociadas por los pobladores, sin cumplir el fin solidario argumentado por los dirigentes. 

En Arequipa, durante la cuarentena el círculo antiminero no ha descansado, pues continuó elaborando publicaciones destinadas a detener el proyecto de cobre Tía María. Y hoy las oenegés vinculadas al marxismo sacan del sombrero otro conejo: según Red Muqui y CooperAcción, la agricultura en el valle Tambo es más rentable que la minería, y la minería es incompatible con la agricultura. A los mitos y leyendas sobre contaminación ambiental se suman los resultados en números y porcentajes de la pequeña y mediana agricultura arequipeña. 

Ya no es la defensa del medio ambiente el principal grito de batalla contra el desarrollo de la minería. Ahora son las posibilidades de la agricultura. En este contexto, no hay manera de negar el avance de la agricultura en los últimos 20 años. Como ha señalado Julio Cornejo, alcalde de la provincia de Islay y uno de los principales opositores al proyecto Tía María, en Arequipa hay 2,500 hectáreas de cultivos de papa producen, cada una, 30,000 kilos. Así también, 2,000 hectáreas de cultivos de ajos, producen 10,000 kilos por hectárea. Ciertamente un gran avance. Según el alcalde, estos productos y otras frutas y hortalizas llegan a los mercados de Brasil y Bolivia. El alcalde olvidó señalar que este avance ha sido gracias a la Ley de Promoción Agraria. 

No obstante, los estudios realizados por el ambientalismo ideológico no demuestran la incompatibilidad de la producción de cobre y los cultivos de frutas y hortalizas. El movimiento antiminero no ha logrado probar sus teorías sobre contaminación ambiental en Tía María. Poco creíbles y sin sustento técnico resultan las supuestas contaminaciones de los cultivos (por los polvos procedentes de la mina) y del río Tambo (como consecuencia del proceso de lixiviación de cobre). Lo mismo sucede con el consumo de agua (destinada para la agricultura) por parte de la minería.

Los ideologizados “defensores ambientales” se oponen al aprovechamiento de los recursos de manera responsable, aunque sean actividades que ofrecen empleo, contribuyen a la reducción de la pobreza y el desempleo, y generan mejores posibilidades sociales y económicas en lugares abandonados por el Estado. Claramente, estas oenegés y dirigentes se oponen al bienestar de los pobres.

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