Ciudadanía responsable

Heriberto Bustos

HERIBERTO BUSTOS

No está de más recordar la afirmación de Aristóteles: “el ser humano es un ser social”, en tanto necesita vivir en grupo para su conservación y desarrollo. Una situación que nos ha permitido ventajas adaptativas para sobrevivir como especie: hemos logrado de ese modo muchos avances y a la vez mostrado una serie de errores como las confrontaciones derivadas en guerras, persistencia de la pobreza y marginación, entre otros, que constituyen, por decir lo menos, deshonras.

Ahora bien, convivir en sociedad entraña la relación con otros y la capacidad de lograr realizaciones y satisfacciones de necesidades tanto materiales como espirituales. Para ello resulta imprescindible la coexistencia pacífica y armoniosa de los grupos humanos que habitan un determinado espacio. Esto no implica ausencia de conflictos, pues la paz es resultado de la capacidad que los humanos tenemos para manejarlos. Convivir es compartir, es participar en la vida de otros, así como permitir que otras participen en la nuestra, es vivir respetando la vida de otros. En ese tránsito surgen necesidades y miradas colectivas que ameritan niveles organizativos económicos, sociales, políticos. Así por ejemplo, el gobierno, como lo señalara Jean Jacques Rousseau,  “…tuvo su origen en el propósito de encontrar una forma de asociación que defienda y proteja la persona y la propiedad de cada cual con la fuerza común de todos”.

Un elemento central que coadyuva a la vida en colectividad es el relacionado a la práctica de valores pues ella, al marcar el comportamiento individual, sienta las bases del funcionamiento social armónico, fortalecimiento de la democracia, vigencia de los derechos humanos, ausencia de la discriminación, generación de oportunidades para todos; y en cierta medida, niveles de aseguramiento de la gobernabilidad. Una mirada sincera a nuestra realidad pone en evidencia el crecimiento de la corrupción, que afecta la vida en sociedad, debido a que las diferencias se ahondan y cunde el aprovechamiento del bien común, generando disconformidades que alimentan la violencia tras posiciones antisistema.

En esa dirección, el ejercicio responsable de ciudadanía tiene sentido si contribuimos a la construcción e implementación de políticas públicas que, en el marco del respeto a los derechos humanos y práctica del diálogo, otorguen a los ciudadanos garantías para fortalecer niveles de gobernabilidad en las distintas instancias de gobierno existentes. Y poniendo énfasis en el desarrollo de las regiones, asumiendo el proceso de descentralización que priorice el fomento de la producción, la lucha contra la pobreza y la reducción de la desigualdad.

Siendo testigos, en el quinquenio por culminar, de los niveles de inestabilidad política y del debilitamiento de las instituciones que sostienen la democracia, así como de las debilidades administrativas, las elecciones generales a realizarse en el mes de abril, constituyen un espacio u oportunidad para que como ciudadanos fijemos nuestra atención y esperanza en su modificación, para ello la adecuada información de los planes de gobierno de los distintos partidos que aspiran a gobernar deben calar en nuestra conciencia y expresarse al momento de decidir por quién votar. Ello porque no debemos tratar los problemas colectivos esperando que sean otros quienes lo resuelvan. Es momento de asumir nuestras responsabilidades. Recordemos a Albert Einstein, quien señaló que “el valor de un hombre para su comunidad suele fijarse según como oriente su sensibilidad, su pensamiento y su acción hacia el reclamo de los otros”.

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