DESIGUALDAD:¿EN QUE SITUACIÓN ESTAMOS?

POR NICOLÁS CASTILLO.- La turbulencia social en Chile, a pesar de sus ‘brillantes’ cifras macroeconómicas, llama a la reflexión sobre si nuestro país es inmune a esa situación y qué se requiere para evitarla.

Diversos estudios dan cuenta de que el crecimiento económico desde la década pasada ha sido pro pobre, por haber contribuido en forma importante a reducir la pobreza (y las cifras lo demuestran). Hoy, dos de cada 10 peruanos están en pobreza absoluta, hace ocho años eran tres de cada 10.

No obstante, el porcentaje de personas que no tienen acceso a servicios básicos como agua, desagüe, luz y telefonía -en forma simultánea- es superior al de pobres. De acuerdo con el Ministerio de Inclusión Social (Midis), con cifras del 2017, mientras la pobreza llegaba a 21,7%, el porcentaje de hogares que no contaban con un paquete integrado de servicios básicos llegaba al 29,3%.

Dicho desequilibrio es mayor en el interior del país. Por ejemplo, en Ica apenas el 3% de la población es pobre; pero el 23,3% de iqueños no tiene acceso simultáneo a los cuatro servicios en cuestión. Este problema se repite en menor o mayor magnitud en el resto de regiones.

De acuerdo con los especialistas, esta situación obedece a un problema en la desigualdad y a la metodología de medición de los indicadores sociales, que no toma en cuenta otras dimensiones, como el acceso a servicios básicos.

Carolina Trivelli, ex titular del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) e investigadora del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), sostiene que el reto para reducir la desigualdad es “enorme”, aunque es menos dramático que hace 15 años.

A decir de Trivelli, el piso mínimo de las personas que estaban en la base de la pirámide de servicios, ingresos, consumo y bienestar en general mejoró; se hizo menos desigual debido al crecimiento económico de los años del ‘boom’ de las materias primas. Sin embargo, las mejoras sociales para esta población no han sido completas.

“En el 2010, de los casi cinco millones de peruanos que cumplían con las condiciones para estar catalogados como los más pobres y excluidos, el 10% tenía acceso simultáneo a los servicios de agua, desagüe, luz y telefonía. En el 2016, esta proporción subió al 30%. El esfuerzo ha sido enorme, este grupo de personas se ha triplicado. Pero lo que falta es un montón”, comenta.

IMPACTO DEL CRECIMIENTO

De acuerdo con el economista jefe del BBVA Research, Hugo Perea, la oferta tácita de la economía de mercado es que el crecimiento debería llegar a todos. Si bien las personas de ingresos altos podrían hacerse más ricos, todos pasarían a una mejor posición. Pero, a decir de Perea, las brechas de desigualdad varían y en algunos casos han empeorado.

Para el economista Carlos Parodi, jefe del Departamento Académico de Economía de la Universidad del Pacífico (UP), la explicación de una mayor desigualdad obedece a que el crecimiento económico es una condición necesaria para alcanzar resultados sociales, como reducción de la pobreza y desigualdad, pero no es suficiente.

De que el crecimiento no sea suficiente para reducir la desigualdad y la pobreza obedecería a “la naturaleza heterogénea de la creación de riqueza”, de acuerdo con una investigación de los economistas Nikita Céspedes, del Banco Central de Reserva (BCR) y Juan Manuel García, del Ministerio de Trabajo.

Los autores explican que las personas y empresas que participan del proceso productivo se benefician del crecimiento económico de manera heterogénea, debido a la naturaleza heterogénea de las actividades productivas.

Así, el estudio revela que el impacto del crecimiento en la reducción de la pobreza (elasticidad pobreza-crecimiento) se ha incrementado continuamente durante la década pasada. No obstante, esta elasticidad es mayor en el área urbana que las zonas rurales, durante toda la década de estudio, evidenciando la mayor importancia relativa del crecimiento económico como mecanismo de la reducción de la pobreza en áreas urbanas respecto a áreas rurales.

“Las áreas urbanas al participar más de las actividades productivas, o al estar más relacionadas con el mercado, serían más sensibles a los cambios del crecimiento de los gastos”, sostienen.

Por ello, la tarea de distribuir los beneficios del crecimiento para que la situación social mejore está en manos del Estado, indica Parodi.

Parodi comenta que el mecanismo de transmisión del crecimiento sobre el bienestar de la población es a través de dos canales: la creación de empleo y la generación de recursos para proveer servicios públicos de calidad.

Sin embargo, para Parodi, el nexo del crecimiento con el empleo se ha debilitado en los últimos 20 años, porque la mayor actividad económica no ha podido absorber al mayor número de trabajadores, por la escasez de personal calificado, asociado a la baja calidad de la educación en el país, que afecta sobre todo a los segmentos de más bajos ingresos.

Las pruebas Pisa lo confirman. En la evaluación de ciencias, en el 2015, el 65% de los estudiantes que tuvieron el peor desempeño fueron del segmento socioeconómico más bajo. En tanto, el 90% de estudiantes que tuvo el mejor desempeño pertenecían al segmento socioeconómico medio y alto.

“Una persona con mala educación no va a tener la suficiente productividad como para acceder a un empleo de calidad”, dice el especialista a Día1.

Respecto a la provisión de servicios públicos de calidad, Parodi menciona el problema que existe en la capacidad de gasto del Gobierno para proveer bienes públicos de calidad, como educación, salud, seguridad, infraestructura. Esto, debido a que –en la actualidad– los distintos niveles de gobierno devuelven el dinero para inversión a pesar de la brecha de desigualdad.

El último Informe Macroeconómico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hizo el ejercicio del precio que nuestro país pagaría si deja de aumentar la inversión en infraestructura en producción y distribución de energía, agua y saneamiento, transporte y telecomunicaciones.; y los resultados son desalentadores.

En promedio, el 40% de los hogares peruanos más pobres perdería alrededor de 20 puntos porcentuales del aumento del ingreso real en un período de 10 años. En tanto, los hogares del 40% de la población más rica perdería alrededor de 15 puntos porcentuales.

Recientemente, el presidente del BCR, Julio Velarde, sostuvo que es fundamental impulsar la inversión pública, que desde el 2014 solo ha crecido en un año y en todos los demás años cayó.

DESIGUALDAD

Para reducir la pobreza es clave el crecimiento así como también la reducción de la desigualdad. Los economistas Céspedes y García concluyen que tras la aplicación de diversas metodologías, en la década pasada, el crecimiento económico contribuyó entre el 60% y el 85% de la reducción de la pobreza, el 40% y 15% restante fue explicado por la contribución de la reducción de la desigualdad.

En tanto, una investigación de los economistas Gustavo Yamada, Juan Francisco Castro y Nelson Oviedo, del Centro de Investigación dela Universidad del Pacífico, concluye que el crecimiento también ha sido clave para reducir la desigualdad, tanto en la década pasada como a inicios de esta.

Dado que una de las críticas en el mundo académico sobre el coeficiente Gin, calculado con las encuestas de hogares es el subreporte de ingresos de los más ricos, los investigadores hacen un nuevo cálculo con otra metodología como las cuentas nacionales e identifican que el Gini tiene el mismo comportamiento descendiente que el calculado por el INEI.

Sin embargo, el valor del Gini del 2014 calculado con las cuentas nacionales era mayor que el calculado con las encuestas de hogares, evidenciando que la desigualdad es mayor a la reportada.

El estudio también revela los clave que fueron las transferencias para la reducción de la desigualdad. Así, las transferencias del Estado contribuyeron, en promedio, con el 40% de la disminución de la desigualdad.

POLÍTICAS PÚBLICAS

Para Perea, se requieren evaluar otros indicadores sociales que midan otras dimensiones, como la capacidad para que las personas puedan sostener un determinado nivel de vida, su satisfacción sobre los servicios públicos, más allá de las mediciones monetarias. Y es que, hoy, una persona con un gasto mayor a S/11,47 al día puede ser considerada no pobre, a pesar de no tener acceso a varios servicios públicos.

Con estos nuevos indicadores, Parodi plantea políticas que generen mejoras en la eficiencia del gasto público, trabajar en un Poder Judicial independiente, probo y honesto, para que el libre mercado pueda funcionar, además de una reforma general del Estado.

Si embargo, Perea aclara que se debe tener cuidado que las políticas distributivas no deben ir en contra de los incentivos de invertir para generar empleo y riqueza.

“Es importante seguir creciendo para sostener los programas sociales y asegurar la provisión de servicios públicos de calidad”, afirma Perea.

Así, más que un problema en el crecimiento, la desigualdad dependería de la calidad de los servicios públicos que brinda el Estado, que serviría para que todos los peruanos partan de la misma equidad en la provisión de servicios para que puedan construir su propia riqueza. Con lo cual, el crecimiento económico debe servir para que el Estado pueda hacer su trabajo.

FRIEDMAN

El sector privado tiene mucho por trabajar para ayudar a reducir la desigualdad, sostiene Miguel Uccelli, gerente general de Scotiabank.

El ejecutivo comenta a nuestro suplemento que el modelo de colaboradores contentos, clientes contentos, accionistas contentos, de cumplir con los impuestos y la regulación, acuñado por Milton Friedman, caducó.

Uccelli indica que, al ser la sociedad más compleja, el papel que venía desempeñando el sector privado no basta y se requiere que trabaje conjuntamente con el Estado para resolver problemas que aquejan a la sociedad, como el cambio climático, el calentamiento global y la demanda de las nuevas generaciones.

A decir de Uccelli, se requiere de un sector privado más colaborativo, más humano y más integrado.

“Hay muchas cosas que han cambiado y una de ellas es la dimensión de los problemas. Esta sensación de frustración, de anarquía, se ha evidenciado desde Hong Kong hasta Santiago”, comenta, en referencia a los conflictos sociales que hemos visto recientemente.

PRODUCTIVIDAD

Para el past president de CADE, Julio Luque, a su juicio se tiene que trabajar en mejorar la productividad para ofrecer prosperidad a la población y reducir la desigualdad.

Luque afirma que la productividad está estancada, por lo que el foco del nuevo Gobierno debiera ser políticas para mejorarla.

A decir de Luque, hay mucho camino por delante para reducir la desigualdad.

El ejecutivo comenta que hemos avanzado mucho en el tema, porque la situación de la que partíamos era dramática.

Afirma que la reducción de la desigualdad ha sido más acelerada hasta el 2011 y el 2012, con el crecimiento económico, pero ya llevamos cinco o seis años de avance moderado por la desaceleración del crecimiento. Con lo cual, señala, es prioridad retomarlo.

“Ese avance en la reducción de la desigualdad se ha detenido de manera importante en los últimos dos gobiernos. Sin duda, hay muchas tareas que tenemos que hacer internamente que no las estamos haciendo”, concluye Luque.

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